Lee este texto en voz baja. Reconoce bien el nombre de los pueblos protagonistas.
Chito Chito y Grito Pelado Había una vez dos pueblos separados por un río. A uno le decían Grito Pelado porque sus habitantes eran unos gritones. Al de la orilla opuesta lo llamaban Chito Chito porque sus pobladores decían todo en voz baja. Los primeros gritaban, aullaban, vociferaban, chillaban. Los otros susurraba, murmuraban, bisbiseaban, cuchicheaban. Los que atronaban con sus voces eran puero “quéeee?, ¡ché!, ¡jua, jua, jua!”. Los que hablaban suavecito sonaban “bsss, bsss, bsss, chiqui chic, ¡ji ji ji!”. Las veces que unos y otros habían cruzado el río en bote o a nado, no habían podido entenderse. Uno pedía: “Por favor, ¡no me grite!” Y el otro: “¿Quéee? ¿Cómo dice? ¡Más fuerte, que no le oigo!” Eso los ponía tan nerviosos que, un día, unos y otros decidieron: “Bah, mejor nos saludamos desde lejos”. Desde entonces, Grito Pelado y Chito Chito estuvieron tan distanciados como si, en vez de un río, los separara el mar. Así sucedió hasta que, un verano, el río se empezó a secar. Al poco tiempo, sólo hubo un hilito de agua. Al final se secó nomás. “¡Qué barbaridad!”, exclamaron unos y suspiraron otros. Y se juntaron para comentar lo sucedido, para quejarse de la mala suerte y preguntarse qué podían hacer. Mientras tanto, los niños de ambas orillas se lo pasaron correteando de un pueblo a otro. Los siguieron las mamás con ganas de curiosear un poco. Y los muchachos que aprovecharon para acercarse a las chicas que, hasta entonces, sólo habían visto de lejos.
En fin, al poco tiempo, todos anduvieron de acá para allá, cruzando esa ancha calle que antes había sido el lecho de un río. Y, casi sin darse cuenta, unos y otros aprendieron algunas cosas: los gritones, a bajar la voz, los silenciosos a hablar más fuerte. Unos se hicieron íntimos amigos; otros, se pusieron de novios. Los dos pueblos ya parecían uno solo cuando, una noche, se sintió un ruido atronador y apareció una enorme masa de agua arrastrando a su paso piedras y troncos. Era el río que volvía a ocupar su antiguo lecho. Y todo cambió de la noche a la mañana. Grito Pelado y Chito Chito volvieron a estar separados… aunque sólo por un tiempito… Porque, a los pocos días, los de esta orilla y los de aquella otra ya andaban haciendo planes para construir un puente que los uniera. Un puente, sí, para ir y venir, subir y bajar, entrar y salir y acercarse más. -¡Maravillosa idea! – murmuraron felices los de Grito Pelado. -Sí, sí, ¡viva el puente! –gritaron, dichosos, los de Chito Chito. Beatriz Ferro.
¿Sólo un árbol? Escritores Mexicanos de cuentos infantiles. Cuentos de árboles.
Todas las mañanas se le podía ver caminando entre los árboles, sentado a su lado meditando y hasta abrazándolos, obviamente todos pensaban que estaba loquito ¿quién en su sano juicio se la vivía abrazando árboles? ¡y sobre todo tan temprano! Pero éso no era todo, los fines de semana aquel hombre los pasaba plantando más árboles, podando ramitas secas, abonándolos y regándolos, sobre todo cuando hacía mucho calor.
Nadie sabía su nombre, pero siempre tenía un saludo cordial y una sonrisa para todos, y los niños comenzaron a llamarlo Don árbol; cosa que no le molestaba … y, de hecho sí tenía cierto parecido con un árbol, su encrespada melena semejaba el tupido follaje de un ficcus en primavera, sus brazos eran tan largos y fuertes como las ramas de un roble, sus pies enormes y firmes eran igual a las raíces de un fresno y era tan alto como un eucalipto … bueno, quizá no tanto, pero definitivamente era alto, y como siempre usaba una túnica verde con capucha encima de sus desgastados jeans y camiseta verdaderamente parcecía un árbol más del bosque.
- ¡Qué tipo tan más chiflado!-decía burlonamente Pecorino, uno de los tantos pequeños que observaba a Don árbol mientras se dirigía a la escuela-
- ¡Pecorino!-le reprendía su madre- ¿en dónde es que has aprendido a ser tan grosero? Ése señor hace algo muy bueno por todos nosotros y debemos estar muy agradecidos con él .
- Pero mami ¿de qué hablas? ¿hay que estar agradecidos con ése orate sólo porque se la pasa abrazando árboles? A mí me parece una pérdida de tiempo …
- ¡Basta ya! Quizá aprendas algo pasando un tiempo con él.
- ¡Éso si que no! ¡no me vas a obligar a ayudar a ése tipo!
- Pecorino, no juzgues a las personas sin conocerlas, tú no sabes lo que podrías aprender.
Cuando Pecorino llegó a la escuela lo primero que hizo fué quejarse amargamente con Lily, su mejor amiga.
- ¡Ay Lily!-decía el pequeño- no vas a creer lo que mi mamá me va a obligar a hacer!
- ¿Por fín te vas a bañar todos los días?
- ¡Lily esto es serio! ¡voy a tener que pasar el fin de semana ayudando al desquisiado de Don árbol!
- ¿Y éso que tiene de malo?
- ¿¡Lily tú también!?
- Mira mi querido Pecorino, puede que Don árbol sea algo … peculiar, pero no creo que sea malo … la gente dice que en realidad es un mago.
- ¿Qué mago va a ser? Si acaso será un payaso.
- Para que veas lo buena amiga que soy ¡yo te acompaño!
- ¿De verdad?
- ¡Claro! Si yo no soy una gallina como tú.
El sábado muy temprano la mamá de Pecorino los llevó al bosque y los chicos caminaron un par de minutos hasta que porfín se toparon con él, quien como de costumbre, estaba bien abrazado a un enorme roble.
- ¿Disculpe …?-decía tímido Pecorino-
- ¿Si?-respondió curioso Don árbol-
- Buenos … días … hmmm …hmmmm …
- ¡Buenos días Don árbol!-interrumpió la pequeña- yo me llamo Lily y éste es mi mejor amigo Pecorino y nos ha mandado su mamá a ver en que podíamos ayudarle,
- ¡Ah! ¡qué espléndido dos ayudantes! Bien, muy bien hoy hay mucho que hacer.
Mientras Don árbol y Lily se disponían a sujetar los pequeños arbolitos a largas varas para que no se quebraran Pecorino se sentó comodamente en la suave hierba a jugar con su video juego portátil … pasó una hora y luego otra y él seguía absorto avanzando nivel tras nivel venciendo a sus enemigos con el ultra hipermegacombo de súper energía púrpura recargada; y cuando finalmente se cansó sacó su teléfono móvil y se puso a escuchar música y madar mensajitos a sus amigos … pasó una hora y luego otra … y cuando finalmente se cansó tomó su mochila y sacó su reluciente computadora portátil con conexión megasónica integrada a la red con banda súper ancha para navegar abajito de la velocidad de la luz … pasó una hora y luego otra, el sol ya comenzaba a ponerse y todo iba quedando en penumbras; así que Don árbol y Lily hicieron una fogata, montaron sus tiendas de campaña y comenzaron a preparar la cena, el aromático vapor de una sopa de hongos silvestres sacó a Pecorino de lo que parecía ser un profundo trance hipnótico, sus dedos porfín dejaron de teclear y dando un bostezo digno de un oso grizly después de invernar dijo : ¡yom! ¡por fín la cena! ¡me muero de hambre!
- ¡Pecorino eres un cínico!-reprendió Lily-¡no nos ayudaste en todo el día y encima quieres devorar lo que preparamos con tanto esfuerzo!
- No exageres Lily-decía el pequeño-yo sólo los vi jugando en el lodo
- ¡Claro que no! sembramos docenas de árboles salvamos unos nidos que estaban apunto de caer, Don árbol me enseñó a detectar los árboles que están enfermos y también a contar su edad y …
- Lily-interrumpió Don árbol- creo que a tu amigo no le importa lo que hacemos … ¿verdad Pecorino?
- No se ofenda Don … oiga ¿usted no tiene un nombre normal?
- ¿Normal? … ¿como Pecorino? Prefiero llamarme árbol, pero sí tengo uno, mi nombre es Tito, mago Tito a tu servicio.
- ¡Entonces es cierto que usted es mago!-gritó entusiasmada Lily-
- Si,pero yo no saco conejitos de sombreros ni nada de éso, mi magia consiste en escuchar a la Tierra y ayudarla …
- Yo no entiendo Don mago-decía el niño mientras devoraba un plato de sopa- los árboles no sienten, sólo son cosas que están ahí inmóviles, son inútiles yo no perdería el tiempo con este montón de palos …
Con un dejo de tristeza el mago se incorporó, recogió los trastos, hechó más varitas a la fogata y sirviéndose una taza de humeante café dijo: ya es tarde Pecorino ve a dormir, mañana temprano te llevaré a tu casa … y dulces sueños Lily, mi dulce asistente … eres tan encantadora como un hermoso elfo. Entonces la niña corrió a darle un abrazo al mago y se fué a dormir soñando con las historias que le había dicho sobre los guardianes que vigilaban los bosques y las hadas que habitaban en los capullos de flores .
Unos minutos después de la media noche el mago entró a la tienda de Pecorino, puso sus manos sobre su frente y pecho y susurró lo siguiente : “¡por agua tierra aire y fuego que entre en este pequeño el aliento del bosque, de cabeza a pies y de pies a cabeza que sienta y viva como una corteza!” y habiendo dicho éso se fué a dormir tranquilamente.
Algunas horas después Pecorino comenzó a sentir mucho frío y e intentó incorporarse para buscar su abrigo, pero por más que quizo no pudo, entonces, asustado, abrió los ojos y se dió cuenta de que ya no estaba dentro de la casa de campaña sino afuera, podía ver a Lily dormir como un lirón y al mago roncando cerca de la fogata, y quizo hablar, pero el único sonido que pudo emitir fué un crujir grave, igual al que hacían las ramas del bosque, entonces con mucho cuidado se miró y aterrado notó que su cuerpecito de niño había cambiado, ahora era un enorme tronco de roble con las raíces tan profundas que podía sentir como las rozaban las aguas de un antiguo río oculto y sintió un cosquilleo que lo hacía estremecerse un poquito, era una familia de pajaritos, cuyos polluelos aleteaban con todas sus fuerzas para aprender a volar, y por primera vez en mucho tiempo Pecorino contempló un amanecer, vió el cielo teñirse de rosa, naranja y amarillo y pudo sentir como los rayos del sol rozaban sus hojas más altas, se sentía bien aquel calor que era como el abrazo de un viejo amigo, era un saludo que le daba la bienvenida a otro día.
Y Pecorino escuchó entonces la voz del viento que les contaba historias de sus viajes a las flores que al escucharlo abrían sus pétalos para sonreírle; el pequeño estaba sorprendido, nada en aquel bosque estaba inanimado, todo tenía vida y voz, todo era hermoso y tranquilo … pero de repente se escuchó un sonido aturdidor eran grandes camiones de carga y hombres con gigantescas herramientas, y uno de ellos se le acercó a Pecorino y con una lata de pintura le marcó un horrible tache encima y dijo que aquella tarde lo derribarían … derribarían todo para convertir aquel lugar en un moderno estacionamiento. Entonces Pecorino quizo gritar, decir que estaba vivo, que le dolía lo que aquellos hombres hacían, que sentía miedo y odiaba que le arrancaran las ramas, quería defenderse .. quizo llorar y gritar, pero nadie lo escuchaba.
- ¡No me corten!-gritaba Pecorino- ¡estoy vivo! ¡soy un árbol pero siento! ¡no me corten! ¡no hago ningún daño! ¡no me corten! ¡yo no quiero! …
- ¡Pecorino despierta!-gritó Lily-tienes una pesadilla.
- ¡No me corten! … ¿era un sueño? ¡estaba soñando!- entonces el niño salió corriendo a abrazar al primer árbol que se encontró, lo abrazó con todas sus fuerzas prometiendo que los iba a cuidar-
- Pecorino-dijo el mago-¿qué se siente ser sólo un árbol?
- ¿Fué usted quién me hizo soñar éso? ¡de verdad es un mago!
- Tenías que entender mi pequeño amigo que los árboles también son seres vivos, que sienten y que nos dan mucho a cambio de muy poco, nos ofrecen sus frutos, limpian nuestro aire, nos comparten de su agua nos dan sombra y siempre están dispuestos a escucharnos, tenías que entender que tenemos que cuidar a aquellos que no se pueden defender y hablar por aquellos que no tienen voz.
- Siento mucho haber sido tan grosero con usted Don mago, digo Don árbol, digo mago Tito.
- Don árbol está bien Pecorino.
- Le prometo que vendré a yudarle cada vez que pueda.
- ¡Y yo!-decía Lily-
- ¡pues esto hay que celebrarlo!
Desde ése día se puede ver a mucha más gente en los parques y bosques abrazando los árboles … porque ¿a quién no le gusta recibir el abrazo de un buen amigo? Fin Pancracio y su sueño dorado. Cuento peruano
Pancracio era un hombre que gustaba de la vida paradisiaca, por lo cual, tratando de encontrarla, pensaba sólo en los negocios, darse una buena vida sin pensar en los demás y no tener problemas, pero esto no sucedía y sólo envejecía. Un día, tratando de solucionar lo que lo agobiaba, pensó en darse unas vacaciones para evitar sus tensiones y así alcanzar mayor tranquilidad. Su sueño dorado era llegar a ser un gran señor a su manera, sin que pasaran los años. Entre tanto, pensando en su fan-tasía se quedó dormido y soñó que volaba al cielo con la intención de que se le dijera las razones por las cuales un hombre puede ser feliz y siempre sentirse joven. Y estando ya muy cerca y sin haber comprendido lo que le iba a suceder, una ráfaga de luz lo envolvió llenándolo de paz. Y dijo:
— Esta quietud que siento, ¿no se deberá al aire que aquí respiro que hace que me sienta tan bien? Además, acabo de percibir que ya nada me afecta y estoy ligero.
Mientras hablaba, un río cristalino apareció en el camino; al acercarse y estando ya frente a él, se vio reflejado en el agua pero con el rostro más joven. Muy asombrado por esta situación que no comprendía, pensó que estaba perdiendo el juicio. Mien-tras divagaba, a lo lejos empezó a escuchar voces, hasta que apareció mucha gente joven que ve¬nían cantando muy alegres y risueños. Entonces, Pancracio, al verlos tan amigables, les preguntó:
— Quisiera saber si en este lugar viven ancianos, porque por lo que veo todos uste-des son jóvenes y yo he rejuvenecido, pues en mi tierra existen niños, jóvenes, pero también ancianos y no todos vivimos felices pues tenemos que trabajar mucho si queremos vivir cómodamente y con muchos lujos, y si no logramos nuestras metas nos sentimos desdichados. En cambio, yo veo en ustedes todo este bienestar, aparte gozan de la alegría que yo no llevo y soy como aquellos que si se les ve feliz en la mañana, en la tarde ya no lo están. ¿Y saben? Ahí los años pasan pronto, y en un abrir y cerrar de ojos nos volvemos viejos.
Los jóvenes, al escucharlo, se dieron cuenta que Pancracio no era como ellos ya que era muy terrenal y les dio lástima, pero también sabían que Pancracio podía cambiar tan sólo transformando su corazón, para que entendiera que nadie puede gozar de la riqueza material sin antes haber obtenido la riqueza espiritual, que es la que hace que nuestra vida siempre se le vea hermosa y feliz. Y le preguntaron:
— ¿Tú conoces a la señora caridad?
— No, no la conozco.
— ¿Y a don servicio?
— Tampoco –respondió él.
— ¿Y a compasión, a misericordia y a la señora bondad?
— Tampoco –volvió a decir.
— Y por si acaso, ¿conoces al señor egoísmo?
— ¡Ah!, a ese sí lo conozco, el es mi mejor amigo. ¿Por qué?
— Bueno –le dijeron ellos–, ahora conocemos cuál es la causa de tu desdicha. Con razón, nada bueno alcanzas y sólo te satisface la codicia de tener cada día más, sin pensar que con el dinero podrías hacer tantas cosas buenas, como es dar trabajo a muchos seres que necesitan que se les tienda una mano caritativa para que puedan ganarse el pan de cada día. Te das cuenta ahora, ¿por qué razón no has podido ser feliz y sentirte siempre joven? Pero como nosotros llevamos muy presente la miseri-cordia, te estamos mostrando este lugar privilegiado en el cual te encuentras, y donde nadie puede llegar sin haber alcanzado el estado celestial
Pancracio, un poco aturdido por lo que escuchaba, les preguntó:
— ¿El estado celestial? No entiendo.
— Algún día comprenderás si en verdad deseas alcanzar esta vida de gracia. Pero antes tendrás que arrepentirte de tu vida pasada. Entonces, te convertirás ya en un gran señor y todo lo que anhelas te lo dará Dios.
Pancracio, en ese momento comenzó a entender todas las cosas, y con una visión mucho más profunda empezó a reconocer que había vivido en forma irreal y tonta, porque en su vida no había tomado en cuenta a Dios. Esto le iba causando mucho dolor y llanto, y mientras dialogaba consigo mismo un río de lágrimas lo despertó. Y se dijo:
— Dios mío, siento que me has enseñado el verdadero paraíso antes del tiempo in-dicado, para que me convierta en un gran señor que todo lo ve con claridad y desde lo más alto. Pero me falta mucho si quisiera alcanzar esta vida de gracia que hace que nos sintamos eternamente felices y jóvenes. Y gracias te doy porque he com-prendido que no hay felicidad si no se vive en el paraíso de las buenas intenciones y de las grandes actitudes. Esto debió ser mí verdadero sueño dorado, pero nunca es tarde para cambiar.
Para leer de a ratos...
26 de mayo
Lee este texto en voz baja. Reconoce bien el nombre de los pueblos protagonistas.
Chito Chito y Grito Pelado
Había una vez dos pueblos separados por un río. A uno le decían Grito Pelado porque sus habitantes eran unos gritones. Al de la orilla opuesta lo llamaban Chito Chito porque sus pobladores decían todo en voz baja.
Los primeros gritaban, aullaban, vociferaban, chillaban. Los otros susurraba, murmuraban, bisbiseaban, cuchicheaban.
Los que atronaban con sus voces eran puero “quéeee?, ¡ché!, ¡jua, jua, jua!”.
Los que hablaban suavecito sonaban “bsss, bsss, bsss, chiqui chic, ¡ji ji ji!”.
Las veces que unos y otros habían cruzado el río en bote o a nado, no habían podido entenderse.
Uno pedía: “Por favor, ¡no me grite!” Y el otro: “¿Quéee? ¿Cómo dice? ¡Más fuerte, que no le oigo!”
Eso los ponía tan nerviosos que, un día, unos y otros decidieron: “Bah, mejor nos saludamos desde lejos”.
Desde entonces, Grito Pelado y Chito Chito estuvieron tan distanciados como si, en vez de un río, los separara el mar.
Así sucedió hasta que, un verano, el río se empezó a secar.
Al poco tiempo, sólo hubo un hilito de agua. Al final se secó nomás.
“¡Qué barbaridad!”, exclamaron unos y suspiraron otros. Y se juntaron para comentar lo sucedido, para quejarse de la mala suerte y preguntarse qué podían hacer.
Mientras tanto, los niños de ambas orillas se lo pasaron correteando de un pueblo a otro.
Los siguieron las mamás con ganas de curiosear un poco. Y los muchachos que aprovecharon para acercarse a las chicas que, hasta entonces, sólo habían visto de lejos.
En fin, al poco tiempo, todos anduvieron de acá para allá, cruzando esa ancha calle que antes había sido el lecho de un río.
Y, casi sin darse cuenta, unos y otros aprendieron algunas cosas: los gritones, a bajar la voz, los silenciosos a hablar más fuerte.
Unos se hicieron íntimos amigos; otros, se pusieron de novios.
Los dos pueblos ya parecían uno solo cuando, una noche, se sintió un ruido atronador y apareció una enorme masa de agua arrastrando a su paso piedras y troncos.
Era el río que volvía a ocupar su antiguo lecho. Y todo cambió de la noche a la mañana. Grito Pelado y Chito Chito volvieron a estar separados… aunque sólo por un tiempito…
Porque, a los pocos días, los de esta orilla y los de aquella otra ya andaban haciendo planes para construir un puente que los uniera.
Un puente, sí, para ir y venir, subir y bajar, entrar y salir y acercarse más.
-¡Maravillosa idea! – murmuraron felices los de Grito Pelado.
-Sí, sí, ¡viva el puente! –gritaron, dichosos, los de Chito Chito.
Beatriz Ferro.
¿Sólo un árbol? Escritores Mexicanos de cuentos infantiles. Cuentos de árboles.
Todas las mañanas se le podía ver caminando entre los árboles, sentado a su lado meditando y hasta abrazándolos, obviamente todos pensaban que estaba loquito ¿quién en su sano juicio se la vivía abrazando árboles? ¡y sobre todo tan temprano! Pero éso no era todo, los fines de semana aquel hombre los pasaba plantando más árboles, podando ramitas secas, abonándolos y regándolos, sobre todo cuando hacía mucho calor.
Nadie sabía su nombre, pero siempre tenía un saludo cordial y una sonrisa para todos, y los niños comenzaron a llamarlo Don árbol; cosa que no le molestaba … y, de hecho sí tenía cierto parecido con un árbol, su encrespada melena semejaba el tupido follaje de un ficcus en primavera, sus brazos eran tan largos y fuertes como las ramas de un roble, sus pies enormes y firmes eran igual a las raíces de un fresno y era tan alto como un eucalipto … bueno, quizá no tanto, pero definitivamente era alto, y como siempre usaba una túnica verde con capucha encima de sus desgastados jeans y camiseta verdaderamente parcecía un árbol más del bosque.
- ¡Qué tipo tan más chiflado!-decía burlonamente Pecorino, uno de los tantos pequeños que observaba a Don árbol mientras se dirigía a la escuela-
- ¡Pecorino!-le reprendía su madre- ¿en dónde es que has aprendido a ser tan grosero? Ése señor hace algo muy bueno por todos nosotros y debemos estar muy agradecidos con él .
- Pero mami ¿de qué hablas? ¿hay que estar agradecidos con ése orate sólo porque se la pasa abrazando árboles? A mí me parece una pérdida de tiempo …
- ¡Basta ya! Quizá aprendas algo pasando un tiempo con él.
- ¡Éso si que no! ¡no me vas a obligar a ayudar a ése tipo!
- Pecorino, no juzgues a las personas sin conocerlas, tú no sabes lo que podrías aprender.
Cuando Pecorino llegó a la escuela lo primero que hizo fué quejarse amargamente con Lily, su mejor amiga.
- ¡Ay Lily!-decía el pequeño- no vas a creer lo que mi mamá me va a obligar a hacer!
- ¿Por fín te vas a bañar todos los días?
- ¡Lily esto es serio! ¡voy a tener que pasar el fin de semana ayudando al desquisiado de Don árbol!
- ¿Y éso que tiene de malo?
- ¿¡Lily tú también!?
- Mira mi querido Pecorino, puede que Don árbol sea algo … peculiar, pero no creo que sea malo … la gente dice que en realidad es un mago.
- ¿Qué mago va a ser? Si acaso será un payaso.
- Para que veas lo buena amiga que soy ¡yo te acompaño!
- ¿De verdad?
- ¡Claro! Si yo no soy una gallina como tú.
El sábado muy temprano la mamá de Pecorino los llevó al bosque y los chicos caminaron un par de minutos hasta que porfín se toparon con él, quien como de costumbre, estaba bien abrazado a un enorme roble.
- ¿Disculpe …?-decía tímido Pecorino-
- ¿Si?-respondió curioso Don árbol-
- Buenos … días … hmmm …hmmmm …
- ¡Buenos días Don árbol!-interrumpió la pequeña- yo me llamo Lily y éste es mi mejor amigo Pecorino y nos ha mandado su mamá a ver en que podíamos ayudarle,
- ¡Ah! ¡qué espléndido dos ayudantes! Bien, muy bien hoy hay mucho que hacer.
Mientras Don árbol y Lily se disponían a sujetar los pequeños arbolitos a largas varas para que no se quebraran Pecorino se sentó comodamente en la suave hierba a jugar con su video juego portátil … pasó una hora y luego otra y él seguía absorto avanzando nivel tras nivel venciendo a sus enemigos con el ultra hipermegacombo de súper energía púrpura recargada; y cuando finalmente se cansó sacó su teléfono móvil y se puso a escuchar música y madar mensajitos a sus amigos … pasó una hora y luego otra … y cuando finalmente se cansó tomó su mochila y sacó su reluciente computadora portátil con conexión megasónica integrada a la red con banda súper ancha para navegar abajito de la velocidad de la luz … pasó una hora y luego otra, el sol ya comenzaba a ponerse y todo iba quedando en penumbras; así que Don árbol y Lily hicieron una fogata, montaron sus tiendas de campaña y comenzaron a preparar la cena, el aromático vapor de una sopa de hongos silvestres sacó a Pecorino de lo que parecía ser un profundo trance hipnótico, sus dedos porfín dejaron de teclear y dando un bostezo digno de un oso grizly después de invernar dijo : ¡yom! ¡por fín la cena! ¡me muero de hambre!
- ¡Pecorino eres un cínico!-reprendió Lily-¡no nos ayudaste en todo el día y encima quieres devorar lo que preparamos con tanto esfuerzo!
- No exageres Lily-decía el pequeño-yo sólo los vi jugando en el lodo
- ¡Claro que no! sembramos docenas de árboles salvamos unos nidos que estaban apunto de caer, Don árbol me enseñó a detectar los árboles que están enfermos y también a contar su edad y …
- Lily-interrumpió Don árbol- creo que a tu amigo no le importa lo que hacemos … ¿verdad Pecorino?
- No se ofenda Don … oiga ¿usted no tiene un nombre normal?
- ¿Normal? … ¿como Pecorino? Prefiero llamarme árbol, pero sí tengo uno, mi nombre es Tito, mago Tito a tu servicio.
- ¡Entonces es cierto que usted es mago!-gritó entusiasmada Lily-
- Si,pero yo no saco conejitos de sombreros ni nada de éso, mi magia consiste en escuchar a la Tierra y ayudarla …
- Yo no entiendo Don mago-decía el niño mientras devoraba un plato de sopa- los árboles no sienten, sólo son cosas que están ahí inmóviles, son inútiles yo no perdería el tiempo con este montón de palos …
Con un dejo de tristeza el mago se incorporó, recogió los trastos, hechó más varitas a la fogata y sirviéndose una taza de humeante café dijo: ya es tarde Pecorino ve a dormir, mañana temprano te llevaré a tu casa … y dulces sueños Lily, mi dulce asistente … eres tan encantadora como un hermoso elfo. Entonces la niña corrió a darle un abrazo al mago y se fué a dormir soñando con las historias que le había dicho sobre los guardianes que vigilaban los bosques y las hadas que habitaban en los capullos de flores .
Unos minutos después de la media noche el mago entró a la tienda de Pecorino, puso sus manos sobre su frente y pecho y susurró lo siguiente : “¡por agua tierra aire y fuego que entre en este pequeño el aliento del bosque, de cabeza a pies y de pies a cabeza que sienta y viva como una corteza!” y habiendo dicho éso se fué a dormir tranquilamente.
Algunas horas después Pecorino comenzó a sentir mucho frío y e intentó incorporarse para buscar su abrigo, pero por más que quizo no pudo, entonces, asustado, abrió los ojos y se dió cuenta de que ya no estaba dentro de la casa de campaña sino afuera, podía ver a Lily dormir como un lirón y al mago roncando cerca de la fogata, y quizo hablar, pero el único sonido que pudo emitir fué un crujir grave, igual al que hacían las ramas del bosque, entonces con mucho cuidado se miró y aterrado notó que su cuerpecito de niño había cambiado, ahora era un enorme tronco de roble con las raíces tan profundas que podía sentir como las rozaban las aguas de un antiguo río oculto y sintió un cosquilleo que lo hacía estremecerse un poquito, era una familia de pajaritos, cuyos polluelos aleteaban con todas sus fuerzas para aprender a volar, y por primera vez en mucho tiempo Pecorino contempló un amanecer, vió el cielo teñirse de rosa, naranja y amarillo y pudo sentir como los rayos del sol rozaban sus hojas más altas, se sentía bien aquel calor que era como el abrazo de un viejo amigo, era un saludo que le daba la bienvenida a otro día.
Y Pecorino escuchó entonces la voz del viento que les contaba historias de sus viajes a las flores que al escucharlo abrían sus pétalos para sonreírle; el pequeño estaba sorprendido, nada en aquel bosque estaba inanimado, todo tenía vida y voz, todo era hermoso y tranquilo … pero de repente se escuchó un sonido aturdidor eran grandes camiones de carga y hombres con gigantescas herramientas, y uno de ellos se le acercó a Pecorino y con una lata de pintura le marcó un horrible tache encima y dijo que aquella tarde lo derribarían … derribarían todo para convertir aquel lugar en un moderno estacionamiento. Entonces Pecorino quizo gritar, decir que estaba vivo, que le dolía lo que aquellos hombres hacían, que sentía miedo y odiaba que le arrancaran las ramas, quería defenderse .. quizo llorar y gritar, pero nadie lo escuchaba.
- ¡No me corten!-gritaba Pecorino- ¡estoy vivo! ¡soy un árbol pero siento! ¡no me corten! ¡no hago ningún daño! ¡no me corten! ¡yo no quiero! …
- ¡Pecorino despierta!-gritó Lily-tienes una pesadilla.
- ¡No me corten! … ¿era un sueño? ¡estaba soñando!- entonces el niño salió corriendo a abrazar al primer árbol que se encontró, lo abrazó con todas sus fuerzas prometiendo que los iba a cuidar-
- Pecorino-dijo el mago-¿qué se siente ser sólo un árbol?
- ¿Fué usted quién me hizo soñar éso? ¡de verdad es un mago!
- Tenías que entender mi pequeño amigo que los árboles también son seres vivos, que sienten y que nos dan mucho a cambio de muy poco, nos ofrecen sus frutos, limpian nuestro aire, nos comparten de su agua nos dan sombra y siempre están dispuestos a escucharnos, tenías que entender que tenemos que cuidar a aquellos que no se pueden defender y hablar por aquellos que no tienen voz.
- Siento mucho haber sido tan grosero con usted Don mago, digo Don árbol, digo mago Tito.
- Don árbol está bien Pecorino.
- Le prometo que vendré a yudarle cada vez que pueda.
- ¡Y yo!-decía Lily-
- ¡pues esto hay que celebrarlo!
Desde ése día se puede ver a mucha más gente en los parques y bosques abrazando los árboles … porque ¿a quién no le gusta recibir el abrazo de un buen amigo?
Fin
Pancracio y su sueño dorado. Cuento peruano
Pancracio era un hombre que gustaba de la vida paradisiaca, por lo cual, tratando de encontrarla, pensaba sólo en los negocios, darse una buena vida sin pensar en los demás y no tener problemas, pero esto no sucedía y sólo envejecía. Un día, tratando de solucionar lo que lo agobiaba, pensó en darse unas vacaciones para evitar sus tensiones y así alcanzar mayor tranquilidad. Su sueño dorado era llegar a ser un gran señor a su manera, sin que pasaran los años. Entre tanto, pensando en su fan-tasía se quedó dormido y soñó que volaba al cielo con la intención de que se le dijera las razones por las cuales un hombre puede ser feliz y siempre sentirse joven. Y estando ya muy cerca y sin haber comprendido lo que le iba a suceder, una ráfaga de luz lo envolvió llenándolo de paz. Y dijo:
— Esta quietud que siento, ¿no se deberá al aire que aquí respiro que hace que me sienta tan bien? Además, acabo de percibir que ya nada me afecta y estoy ligero.
Mientras hablaba, un río cristalino apareció en el camino; al acercarse y estando ya frente a él, se vio reflejado en el agua pero con el rostro más joven. Muy asombrado por esta situación que no comprendía, pensó que estaba perdiendo el juicio. Mien-tras divagaba, a lo lejos empezó a escuchar voces, hasta que apareció mucha gente joven que ve¬nían cantando muy alegres y risueños. Entonces, Pancracio, al verlos tan amigables, les preguntó:
— Quisiera saber si en este lugar viven ancianos, porque por lo que veo todos uste-des son jóvenes y yo he rejuvenecido, pues en mi tierra existen niños, jóvenes, pero también ancianos y no todos vivimos felices pues tenemos que trabajar mucho si queremos vivir cómodamente y con muchos lujos, y si no logramos nuestras metas nos sentimos desdichados. En cambio, yo veo en ustedes todo este bienestar, aparte gozan de la alegría que yo no llevo y soy como aquellos que si se les ve feliz en la mañana, en la tarde ya no lo están. ¿Y saben? Ahí los años pasan pronto, y en un abrir y cerrar de ojos nos volvemos viejos.
Los jóvenes, al escucharlo, se dieron cuenta que Pancracio no era como ellos ya que era muy terrenal y les dio lástima, pero también sabían que Pancracio podía cambiar tan sólo transformando su corazón, para que entendiera que nadie puede gozar de la riqueza material sin antes haber obtenido la riqueza espiritual, que es la que hace que nuestra vida siempre se le vea hermosa y feliz. Y le preguntaron:
— ¿Tú conoces a la señora caridad?
— No, no la conozco.
— ¿Y a don servicio?
— Tampoco –respondió él.
— ¿Y a compasión, a misericordia y a la señora bondad?
— Tampoco –volvió a decir.
— Y por si acaso, ¿conoces al señor egoísmo?
— ¡Ah!, a ese sí lo conozco, el es mi mejor amigo. ¿Por qué?
— Bueno –le dijeron ellos–, ahora conocemos cuál es la causa de tu desdicha. Con razón, nada bueno alcanzas y sólo te satisface la codicia de tener cada día más, sin pensar que con el dinero podrías hacer tantas cosas buenas, como es dar trabajo a muchos seres que necesitan que se les tienda una mano caritativa para que puedan ganarse el pan de cada día. Te das cuenta ahora, ¿por qué razón no has podido ser feliz y sentirte siempre joven? Pero como nosotros llevamos muy presente la miseri-cordia, te estamos mostrando este lugar privilegiado en el cual te encuentras, y donde nadie puede llegar sin haber alcanzado el estado celestial
Pancracio, un poco aturdido por lo que escuchaba, les preguntó:
— ¿El estado celestial? No entiendo.
— Algún día comprenderás si en verdad deseas alcanzar esta vida de gracia. Pero antes tendrás que arrepentirte de tu vida pasada. Entonces, te convertirás ya en un gran señor y todo lo que anhelas te lo dará Dios.
Pancracio, en ese momento comenzó a entender todas las cosas, y con una visión mucho más profunda empezó a reconocer que había vivido en forma irreal y tonta, porque en su vida no había tomado en cuenta a Dios. Esto le iba causando mucho dolor y llanto, y mientras dialogaba consigo mismo un río de lágrimas lo despertó. Y se dijo:
— Dios mío, siento que me has enseñado el verdadero paraíso antes del tiempo in-dicado, para que me convierta en un gran señor que todo lo ve con claridad y desde lo más alto. Pero me falta mucho si quisiera alcanzar esta vida de gracia que hace que nos sintamos eternamente felices y jóvenes. Y gracias te doy porque he com-prendido que no hay felicidad si no se vive en el paraíso de las buenas intenciones y de las grandes actitudes. Esto debió ser mí verdadero sueño dorado, pero nunca es tarde para cambiar.